Resumen

A CAPELLA Por MAURICIO HERNÁNDEZ OLAIZ

 República Bananera y el Underwood región 4

A poco más de un año que concluya el Gobierno de Peña Nieto, México entra en la recta final de su Gobierno pareciendo más una clásica República Bananera que una economía emergente moderna a punto de asumir su lugar entre las principales del mundo.

Y para muestra varios botones, la caída drástica del PIB, los niveles históricos de inflación, las elecciones mexiquense y coahuilense, los escándalos de corrupción de Odebrecht y OHL, los diezmos en los Congresos para aprobar las cuentas públicas de los ayuntamientos (¿qué tal el video del diputado Panista de San Luis?), todas situaciones que se acumulan a una enorme lista que quedarán para la historia del Gobierno Peñista, tal vez el último reinado del PRI, aunque luego del cinismo con que actuó el Gobierno federal en su interés por conservar al Estado de México, el patético actuar del árbitro electoral, la inoperancia de la FEPADE y con un AMLO necio y obcecado por el poder,  nos permiten vislumbrar una elección 2018 plagada de irregularidades y con ella una nueva victoria tricolor, lo que nos dejaría muy lejos de una democracia y muy cerca de una nación platanera.

República Bananera es un término peyorativo para un país que es considerado políticamente inestable, empobrecido y atrasado, cuya economía depende de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por las bananas), gobernado por un dictador o una junta militar, muchas veces formando gobiernos forzosa o fraudulentamente legitimados.

El término fue acuñado por el escritor estadounidense William Sydney Porter, alias O. Henry, en 1904 en el cuento “El almirante”, en la “República Bananera” la corrupción es práctica corriente en cada aspecto de la vida cotidiana, siendo comúnmente desobedecidas las leyes del país principalmente por el encargado de hacerlas valer (a que le suena), así como una enorme dependencia de un país o empresa extranjera, en este caso vale recordar la tibieza; por no decirle miedo, con la que actuó el presidente Peña en los primeros días de gobierno de Donald Trump, quién no nos ha olvidado, solo trae unos problemitas que le distraen de seguirnos jodiendo.

Tal vez es cierto amigo lector que no somos tan bananeros como su significado lo indica, pero lo que es cierto es que hoy día si tenemos más argumentos para poder ser catalogados cercana a ella que una democracia en ascenso, emergente, o como le guste llamar.

Mientras más reviso lo que sucedió el pasado domingo 4, más triste quedo al constatar que al correr de los años seguimos siendo casi iguales, una democracia de circo, un pueblo sin capacidad política de asombro, inerte, proclive a la corrupción y profundamente conformista.

No se trata de salir a las calles como imbéciles, se trata de tomar al toro por los cuernos e idear prácticas lógicas y contundentes para lograr la transformación, será la elección del 2018 la que demuestre si hoy nos quedamos inertes y amnésicos sobre lo visto el pasado 4 de junio.

Covarrubias…¿El líder que merecemos?

Inverosímil, no tengo ni palabras, me cuesta…¿Entenderlo, creerlo?…Su excesivo deseo de llamar la atención cobro frutos, pero francamente no creo que sea el tipo de atención que pretendía, el también conocido como  “El alcalde meón”, cuando se le ocurrió plagiar el discurso del protagonista de la afamada serie de NETFLIX House of Cards. ¿Qué le atrajo de Francis Underwood? Su bisexualidad, su misoginia, su egolatría, su don para engañar o tal vez solo le cayó simpático el discurso y se dijo a sí mismo, “Me lo chingo, total en el pueblo que no tenía escaleras eléctricas seguro tampoco miran NETFLIX”.

¿De qué se va a disfrazar Covarrubias? De Redentor, populista, estadista o de mesías salvador, tal vez le agrade más el tipo ejecutivo, playboy o el aristócrata, tal vez el intelectual. Ninguno en realidad, prefirió el disfraz de personaje de plataforma de contenidos en línea, que no televisión, bueno hasta el vestuario le quiso copiar, solo que no encontró la corbata ideal. No creo, por lo tanto, que él sea el líder que merecemos.

Somos de nueva cuenta nota nacional, esta vez por el plagio de un discurso de una serie en donde su protagonista hace de todo con tal de acceder a lo más alto del poder, sin miramientos, sin escrúpulos, sin pudor…¿Se vio Miguelito reflejado en Frankie? ¿Es la clase de político que quiere ser o ya es? región 4 por supuesto.

Tampoco se trata de pensar que solo el orinador de transporte público se mira en un espejo y ve a Frank, hay y ha habido en la política mexicana más Underwoods que los que quisiéramos, que los que mereciéramos…pero por lo pronto, este joven se aventó la puntada de plagiar un discurso; no de Roosevelt, Churchill, Kennedy o ya de perdis el de Colosio, aquel famoso de hambre y sed de justicia de 1994 , Nooo…optó por el de un personaje de ficción muy cercano a la triste realidad, así como el mismísimo Trump se plagió el de Bane, por momentos me lo imagino diciendo “no preguntes lo que Tlaxcala puede hacer por ti, sino que puedes hacer tú por Tlaxcala”.

Cuando uno le apuesta a la sangre nueva, a sacar de una buena vez a los viejos políticos tlaxcaltecas del escenario, hoy son ellos los que aplauden la imprudencia de Miguelito, con una risa arrugada y mañosa manifestando que aún son tiernos aquellos nuevos políticos que aspiran al cambio, por lo que deberán seguir los dinosaurios caminando en las salas y antesalas del poder mientras los jóvenes se sigan sacando estas monadas de la chistera…pese a todo, seguro estoy que ahí afuera hay valiosos jóvenes que aspiran a una verdadera transformación, jóvenes políticos que lo último que pasa por su cabeza es plagiar a Frank Underwood.

No sé a qué cargo aspire Miguel Ángel Covarrubias, si a diputado local, federal, Senador o hasta presidente faltaba más, lo que es seguro, desde ahora, es que con mi voto no cuente, porque simplemente no creo que él sea el líder que merecemos.

Por cierto, debe sentirse menos apesadumbrado por el error al ver que la propia producción de House of Cards respondió al plagio con la frase “Solo hay una regla, copiar o ser copiado”.

@olaizmau