Resumen

DEJAD QUE LADREN LOS PERROS Por ALBERTO AMARO CORONA

Lucha contra la corrupción: batalla que requiere varios frentes

Nota aclaratoria: Escribo la presente un día antes de su publicación.

Ya hemos hablado de la corrupción en este espacio. La corrupción es multifactorial, que van desde la injusta distribución de la riqueza, hasta las fallas de las instituciones públicas y la falta de mecanismos para hacer cumplir la ley, sumado a la historia y desgraciadamente a nuestra propia idiosincrasia, permiten que los actos de corrupción sean un tema cotidiano, formando parte de nuestra “normalidad”. Peor aún, en ocasiones, los ciudadanos perciben a la corrupción como un paso obligado en su contacto con los gobiernos y empresas privadas, al hacer trámites o al encontrarse con la autoridad.

Incluso en el entorno en el que los actos de corrupción resultan “normales”, es sorprendente la creatividad con la que algunos servidores públicos encuentran espacios o mecanismos para obtener beneficios ilegítimos, mismos que no se limitan a la expedición de trámites o a las contrataciones de obras y servicios con el respectivo “diezmo”.

Esa enorme creatividad que despliegan los corruptos para obtener sus indebidos beneficios, nos obligan a combatirlos con herramientas legales amplias y flexibles, con los alcances suficientes para ir a fondo y cómo eliminar los incentivos detrás de la corrupción. Sin duda, generar estas herramientas no es tarea fácil.

Las consecuencias de la corrupción pueden ser relativamente simples, como es el caso de un agente de tránsito que acepta cierta cantidad a cambio de no multar a quien comete una falta. Sin embargo, el escenario se ensombrece si se trata de un policía que deja ir a un narcotraficante o un huachicolero a cambio de un monto sólo mayor. En el fondo, ambos ejemplos abordan exactamente el mismo problema, sólo en diferentes escalas.

Otro ejemplo puede ser (y ha pasado) que obras públicas en las que varias personas se llevan su “diezmo”, acaban con materiales, carpeta asfáltica o varilla de menor calidad, lo que puede hacer que un camino dure la mitad del tiempo previsto o se provoquen accidentes mortales.

Ejemplos sobran. Algunos casos de corrupción nos siguen lastimando en lo más profundo de nuestra conciencia: como el caso de la Guardería ABC, en la que tanto municipio, gobierno del estado y el gobierno federal, comparten responsabilidad, ya que el accidente fue provocado por un dictamen de protección civil irresponsable, quizá “aprobado” vía la corrupción.

Otro caso inmoral e imperdonable, es el del priista Javier Duarte, cuyo sistema de salud sustituyó las quimioterapias para los niños con cáncer por agua destilada, con tal de robarse el dinero del tratamiento para el que había presupuesto y al que los niños veracruzanos tenían derecho.

¿Necesitamos más ejemplos para saber que nos urge atender el tema de la corrupción en su más amplio sentido?

Mi compromiso como legislador es construir las leyes que permitan combatir este mal que tanto nos daña. En el Grupo Parlamentario que represento, hemos presentado 3 iniciativas de las cuatro requeridas para construir el andamiaje jurídico mínimo que nos permita perseguir y castigar con eficiencia a los corruptos; sin embargo, éstas siguen sin aprobarse por el legislativo.

Tengan certeza de que pondré todo mi esfuerzo para que se aprueben dichos ordenamientos, que sin duda serán mejorados y perfeccionados, pero que representan, al día de hoy, la mejor opción para eliminar este mal que tanto nos ha afectado.