Resumen

COTOS FAMILIARES Por JUAN RAMÓN NAVA

Si hay un ejemplo de lo sucio que en ocasiones se torna la política, J. Carmen Corona Pérez y su hija Sandra Corona Padilla son el mejor referente. Ambos, tanto el padre como la hija antepusieron sus intereses muy, pero muy particulares, al impulsar una Ley que, de entrada, nació muerta, y de esa manera dieron forma a su vendetta en contra del Secretario de Educación, Manuel Camacho Higareda, a quien a toda costa quieren tumbar.

A J. Carmen Corona Pérez se le olvida que cuando se negoció su arribó al Congreso de Tlaxcala, por la vía plurinominal, el Gobernador Marco Mena jugó un rol demasiado importante, de hecho, el Mandatario abogó por el ex líder sindical, a quien, en su oportunidad, consideró valioso en sus aportes. A eso se le llama ser malagradecido.

Con su hija, Sandra Corona Padilla, ocurrió algo similar, y su candidatura a una diputación por el distrito XIV también fue “palomeada” por el joven Gobernador, y así lo propuso en la mesa de las negociaciones, al final, en ese entonces el candidato del PRI al Gobierno de Tlaxcala tenía, como lo tiene hasta el momento, el poder de decisión, y el PRI y el PVEM se sumaron al capricho de Nueva Alianza.

Hoy, J. Carmen Corona Pérez y su hija, Sandra Corona Padilla, olvidaron esos “favores” y como verdaderos mercenarios de la política, mordieron la mano que los cobijó, patearon, como se dice vulgarmente, el pesebre que los arropó, y todo porque el ex dirigente de la sección 31 del SNTE no fue ungido como titular de la SEPE.

J Carmen Corona me culpó en su oportunidad, de ponerlo en riesgo al revelar que entre él y su hija, perciben cada mes, entre 300 y 350 mil pesos, entre dietas, pago de viáticos, salarios, pagos de telefonías celulares, gasolina, gastos de representación y gastos para gestión, sí, eso le molestó, porque según me dijo, alguien, al saber esos datos, podría secuestrarlo, lo que olvida el señor legislador que esa información es pública, y como tal, todos tienen acceso a ella. Con ese dinero que perciben padre e hija, bien que podrían ayudar a quienes dicen que ayudaron con su Ley, pero dudo que ambos quieran desprenderse de tan jugosa prima. Hasta ese nivel llega su mitomanía en su afán de poder, dinero y canonjías.

Y en este rol, de pegarle al Gobierno en turno porque no se le cumplieron sus caprichos, J. Carmen Corona Pérez involucró a su pupilo, el actual líder de la sección 31 del SNTE, Demetrio Rivas Corona, a quien engatusó con la idea de que, en caso de arribar a la titularidad de la SEPE, el gremio de esa sección sería agraciado con muchas bondades, sobre todo económicas.

Si alguien lo duda, basta recordar la última movilización de profesores, que se lanzaron a las calles bajo el pretexto de no estar conformes con los reacomodos en la SEPE, lo que J. Carmen Corona Pérez ni Demetrio Rivas Corona dijeron, es que esa marcha se programó desde el cubículo del legislador, y la hija, Sandra Corona Padilla, fue testigo de ese acuerdo desestabilizador.

Tenía mucho, pero mucho tiempo que el magisterio “institucional” del SNTE no se movilizaba en contra del Gobierno estatal, pero cuando se afectan intereses como los que se le trastocaron a J. Carmen Corona Pérez, la cosa es distinta, al final, todo quedó en un apretón de manos entre el dirigente Demetrio Rivas Corona y Manuel Camacho Higareda, Secretario de Educación, o lo que es lo mismo, el SNTE golpea con la izquierda, pero cobra con la derecha. Así las cosas.

Como J. Carmen se dio perfecta cuenta que por ahí no prosperarían sus ambiciones de llegar a ser un funcionario de primera línea, optó por hacer valer su fuero, y lucubró una Ley absolutamente populista, electorera y demasiado “vacía” en su contenido.

Me refiero a la Ley que, en apariencia, obligaría al Ejecutivo, a dotar de uniformes escolares a poco más de 300 mil estudiantes del nivel primario, algo que sonó muy bonito, lo que el diputado de Nueva Alianza no ha dicho, es que en el mamotreto presentado por su hija y por él, se incluye un artículo en donde el Gobierno se reserva el derecho de hacer efectivo dicho articulado, dependiendo de la “disponibilidad financiera del Estado”.

El documento, que padre e hija cacarearon cada que podían, tampoco especifica los mecanismos de entrega, los criterios presupuestales y quizá lo más importante, qué partidas serán trastocadas para hacer frente a esa absurda propuesta que, insisto, nació muerta desde su gestación.

Si de algo sirve, J. Carmen Corona Pérez y su hija Sandra Corona Padilla deberían saber y tener en consideración que dotar de uniformes escolares a más de 300 mil alumnos de primaria, significaría la reducción del presupuesto de entidades como la Comisión Estatal de Derechos Humanos, el Instituto de Acceso a la Información Pública, el Tribunal Electoral de Tlaxcala y los institutos Estatal de la Mujer y de la Juventud, principalmente. Así de brusco el asunto.

Habrá que preguntarles a los titulares de esas entidades públicas y autónomas qué opinan de una eventual reducción en su presupuesto debido al capricho y berrinche de un padre y una hija que buscan acceder al poder, uno a través de una Secretaría y la otra, mediante una viable reelección.

Lo malo de este asunto es que J. Carmen Corona Pérez y Sandra Corona Padilla no se lanzaron a la aventura solos, se llevaron al PRD y al PAN en sus infames intenciones, partidos que vieron en esa iniciativa de Ley, la forma de sacar raja política de cara a las elecciones de 2018.

Comulgo con los reclamos de una parte de la sociedad que exige a los gobiernos Federal y estatal abastecer de los instrumentos necesarios para un mejor aprovechamiento escolar, pero antes de eso, la calidad de la educación tiene que someterse a un escrutinio, tanto de maestros como de alumnos, y después privilegiar aspectos como el de uniformes y útiles escolares gratuitos. La forma es fondo, no solo en política.

Lástima que algunos actores se consideren dueños de la política, de sus beneficios, de los cotos y de las prebendas que les concede un puesto, sea el que sea, y si de cotos familiares se trata, pues en Tlaxcala hay algunos ejemplos dignos de un verdadero tratado periodístico. Por eso estamos jodidos.

SIN CORRECCIONES…Y ya que hablamos del Congreso. Me enteré de que el Gobernador enviará a los diputados un proyecto de presupuesto demasiado austero, tan austero que no le alcanzará para cumplir con lo dispuesto en la nueva Ley que deberá dotar de uniformes escolares a más de 300 mil alumnos. El documento lleva copia para las instituciones que se verían afectadas por ese articulado. Plan con maña, la lectura es simple, o me apoyas o no tienes más dinero.